viernes, 1 de mayo de 2026

QUE ES LA LIDIA DE UN TORO BRAVO

la lidia de un toro bravo
24/abr/26 - 10:21

La lidia de un toro bravo comienza desde que el animal salta al ruedo. Su lidiador deberá observarle atentamente todas las reacciones, defectos y virtudes durante su estancia en la arena, siempre con sentido de su profesionalidad y experiencia, corrigiéndole en todo aquello que pueda afectar para el buen desarrollo del toreo, e ir adaptándolo a la faena que se proponga realizar, sacándole el provecho o máximo rendimiento para poder lucirse, finalizando con un digno estoconazo. La lidia básicamente se fundamenta en tres fases; breve, seguida y variada.

  •  Breve: No dejar nunca que el toro se agote. 
  •  Seguida: Evitar que aprenda lo que no debe. 
  • Variada: Procurar que no se resabie y aquerencie.

Como antes hemos dicho, la lidia empieza desde el primer capotazo que recibe la res en la plaza, la que habrá que construirla y aplicarla con técnica para lo que es el toreo, procurando en todo momento que vaya unida al bien hacer del espectáculo, de lo contrario se malograrían las faenas, sería hundirlas en el fracaso.

Antiguamente, enfocar la lidia a un toro bravo de entonces, era muy fundamental planificar la faena desde su comienzo, tiempos aquellos cuando saltaban a las plazas reses mucho más duras, ásperas, corretonas y sin fijeza de ninguna clase. Los toros de hoy en día, se han renovado en buena parte al contar con un animal más templado, armónico y suave, por lo cual, le ha hecho ganar artísticamente al espectáculo taurino.

La verdad es que, aquel principio que servía como norma básica para torear reses difíciles y complicadas, ha pasado a un nuevo periodo, menos oscuro. Realmente antes, la tenacidad y capacidad del lidiador, muchas veces antiestética, se ha perdido frente a la eficacia artística de ahora. Las reses actuales han cambiado considerablemente, el torero puede aplicar las suertes de otra forma, las cuales han sido perfeccionadas de tal manera que, el toreo se ha convertido en un arte puramente bello, más vistoso, yo diría como nunca.

Las distancias a medir por el torero, el recorrido del toro, y las cercanías de tales suertes, han llevado a la fiesta de los toros a un campo apasionante de fantasía, en decremento de aquella emoción y conmoción que arrebataban en los tendidos, con frenesí, ya que la finalidad del toreo antiguo llevaba como sostén, un lidiar dificultoso y persistente con las reses. Hoy en sí, aparte de la dignidad y valentía que impulsa a los toreros por su vergüenza torera, han sabido o han podido adaptarse al toro moderno, elevando perfectamente bien la esencia del toreo, creando arte.

Cuando el arte se conjuga con las reglas de la lidia, lógicamente se está toreando con poder, pero cuando es todo lo contrario, sin dominio ni método, el torero pierde el arte, pierde el sitio, y también pierde el mando, entonces el animal embiste a su son, dejando a un lidiador sin control.

En el mundo de la tauromaquia, el toro bravo es más que un simple animal, es un símbolo de tradición, cultura y pasión. En cualquier plaza de toros del orbe taurino, este majestuoso animal se ha convertido en el principal protagonista de un espectáculo tradicional que lo han continuado generaciones y generaciones. Para ello, siempre se ha necesitado personas capaces de enfrentarse a la fiera brava, sirviéndose de engaños, técnicas y valor hasta dominarlo en lo posible, a costa de tragedias o triunfos.

viernes, 27 de marzo de 2026

EL VOLAPIE, LA ESTOCADA PERFECTA

El volapié, la estocada perfectaEl BurladeroMi pasiónEl volapié, la estocada perfectaManuel Gutiérrez Troya26/mar/26 - 11:02La suerte de matar a los toros bravos, o la suerte suprema, es aquella que ofrece mayor riesgo para el matador, es la culminación del éxito o fracaso, en la cual encierra un compendio de conjunciones, como; terrenos, toro, pitones, muleta, espada y torero.Antiguamente la suerte de matar se ejecutaba prácticamente recibiendo al toro, dado que las reses de antes tenían una casta más pronta embistiendo, impulsiva, fieras de pocos pases, no se les podían realizar largas faenas. Por sus dificultades o condiciones, la lidia tenía que ser corta, solamente era prepararlo para meterle la espada lo antes posible y darle muerte. De los primeros toreros en realizar la suerte de recibir, fue el rondeño José Romero, allá a mediados del siglo XVII, siguiéndole su hijo Juan, y posteriormente sus nietos José, Antonio, Gaspar y Pedro, este último el más valeroso de todos, entre otros de la época, como: José Candido, Pepe-Hillo, El Panchón o El Chiclanero.Existe un dicho del referido Pedro Romero, que dice: “el toro ha de venir y le he de recibir, no agotarlo, para de esta manera ya arrancado, sin apenas defensa, meterte la espada a traición o por sorpresa”. Este valiente torero, liquidó cerca de 8000 toros sin ser prácticamente cogido.Con el transcurrir del tiempo, el ganado bravo se ha ido transformando su fiereza a más dulzona y de mayor recorrido, menos violento, con clara embestida y más toreable. Clave para que los diestros de ahora estoquen mayormente con la suerte llamada del volapié. Nombre derivado por su ejecución, dado a la forma de matar que, a toro parado, sin desparramar la vista y bien cuadrado con las manos juntas, hacen que se abra el hoyo de las agujas. Una vez así, el diestro adelanta el pico de la muleta con la mano izquierda hacia las pezuñas del animal, haciéndole humillar que, a la voz de “venga toro” se arranque, instante que el matador aprovecha entrando recto con el estoque en mano diestra para hundirlo en dicho hoyo, salvándose del pitón con un giro de cintura hacia la derecha que esquiva la embestida para no ser cogido, momento que el pie del mismo lado vuele girando hacia atrás (vuela pie), hasta encontrar firmeza junto al otro. De ahí su nombre de volapié.Es una suerte que, el ejecutor solo cuenta con un mínimo espacio para salir airoso del trance, haciendo la fuerza solamente el torero, requiriendo para ello especial destreza y reflejos. Un encuentro, con el toro parado y cansado de tantos pases, el animal prácticamente pide su muerte, acción en la que juegan dos términos importantes que son; la ofensiva y la defensiva, una unión a la que se suman otros influyentes, como; la muleta que manda, el estoque que hiere, y el movimiento de cintura que evita la cogida.Allá por el siglo XVIII, el matador de toros Joaquín Rodríguez “Costillares”, cuando algún toro, bien por manso o agotado, no le acudía al cite para estoquearlo, él iba hacia el animal, atribuyéndole ser el inventor de la suerte del volapié. Esta suerte es la más certera para matar, hay que arriesgar porque el toro espera. De los mejores estoqueadores de antes y de ahora ejecutando tal suerte, fueron y son: El mencionado Costillares, Lagartijo, Frascuelo (el que más la popularizó), Mazzantini, Joselito, Belmonte, Martín Agüero, Manolete, Rovira, Rafael Ortega (sin duda el mejor de todos), Ostos, El Viti, Camino, José Tomás o Uceda Leal. Como caso especial, a veces, Antonio Ferrera, receta buenos volapiés andando desde lejos hasta llegar a la cara del toro para la culminación.Por último, diremos, son muchos los diestros que matan al volapié, he relacionado los más asiduos que lo hicieron o lo hacen. También algunos, en ocasiones, mataron o matan de diferentes formas, como; al encuentro, de recurso, sin muleta, e incluso con la mano zurda, en este caso se invierte los términos del volapié, porque el pie que vuela es el izquierdo.Manuel Gutiérrez TroyaMi pasión

miércoles, 1 de octubre de 2025

JOSELITO "EL GALLO" TORERO DE ARTE DOMINADOR Y TÉCNICO

A principios del siglo XIX, fue una época importante de tener como máximas figuras del toreo a Rafael Gómez “El Gallo” y Ricardo Torres “Bombita”, además de competir fuertemente entre sí en todos los ruedos. Aunque el carácter conformista de Rafael Gómez no sería el más idóneo para las confrontaciones. Pero su hermano José Gómez “Joselito” o “Gallito”, como se llamaba en sus principios, tomó el relevo a dicho hermano para los enfrentamientos con “Bombita”, y pese a los bombistas menospreciaron en sus comienzos al joven rival, pronto comprobaron la valía del pequeño de “Los Gallo”. Esta competencia se mantuvo hasta el mismo día de la retirada de Ricardo Torres, en la que “Joselito” participó.
Retirados “Bombita” y Rafael González “Machaquito”, también este ídolo de entonces, “Joselito” iniciaría otra nueva rivalidad con un imparable joven llamado Juan Belmonte, al que, curiosamente, tantas veces se le había pronosticado la muerte en un coso taurino, dejando constancia eterna de la competencia entre el menor de “Los Gallo” y Belmonte, mejor dicho entre gallistas y belmontistas, que ambas aficiones reavivaron y enloquecieron. La petulancia juvenil de José, de aquel hombre mimado por la fortuna, y el enconado anhelo de triunfo de Juan, fueron cediendo el paso a una entrañable solidaridad de hombres unidos por el riesgo y los esfuerzos comunes.


Pese a que al principio los aficionados mantuvieran reiteradas discusiones en defensa de sus diestros favoritos, las confrontaciones nunca se caracterizaron por la saña, sino más bien por todo lo contrario. Uno y otro eran amigos y complementarios en la plaza. Solo la prematura muerte de “Joselito” dio al traste con la pareja.

En José Gómez “Joselito”, los orígenes familiares taurinos como: “El Cuco”, “El Marinero”, “El Loco”, “Rebujina” y “Agualimpia”, y los destacados triunfos de sus hermanos mayores (Rafael y Fernando), predestinaron al benjamín de la familia para una profesión que la tenía como un juego desde que empezó andar. Con nueve años recibió la primera ovación toreando en una capea, tuvo que demostrarle a un banderillero cómo se debía clavar los rehiletes. Después con trece, vistió por primera vez el traje de luces en Jerez de la Frontera, llorando de rabia cuando el público le impidió matar al segundo toro por considerarlo excesivamente grande para él. A los dos años siguientes, el joven diestro comenzaría su andadura profesional.

Los comienzos de “Joselito”, coinciden con la vertiginosa decadencia de Antonio Fuentes, que junto a “Machaquito” y “Bombita”, dominaban el más puro clasicismo. Pero “Joselito” aunque no viera torear a Rafael Guerra “Guerrita”, escogió el mismo camino que el cordobés ya tenía trazado, que después sería la guía y canon para sus principios, también fue como base indudable la tradición familiar torera, aunque no tuviera la misma concepción del toreo de su padre Fernando Gómez “El Gallo” y de sus dos hermanos referidos, Rafael y Fernando.

Era un torero demasiado ambicioso para resignarse a una interpretación del toreo que no llevase aparejado el poder de la profesión escogida, como también de la fiesta taurina. El joven “Joselito”, necesitaba experimentar el dominio en el mundo de los toros y en la misma vida, no podía conformarse solamente con el culto al arte, característica preponderante o supremacía en los toreros de su estirpe y estilo gitano.

Con sobriedad se consagró a su profesión, creando su propio estilo, ello le propinó el temple, la pureza y la entrega necesaria para conquistar toda clase de públicos. El resultado fue un torero excepcional, largo, dominador, técnico y de grandes facultades físicas, al mismo tiempo alegre y adornado. La alternativa la tomó en Sevilla el 28-9-1912, de manos de sus hermanos Rafael y Fernando Gómez Ortega “Los Gallo”.

Ilusionado un día con la idea de torear en la plaza de Talavera de la Reina (Toledo), la que inaugurara su padre junto al diestro Antonio Arana “Jarana”, 29 de septiembre de 1890, con toros del ganadero Enrique Salamanca, pidió ser incluido en el cartel en un mano a mano con su cuñado Ignacio Sánchez Mejías (el cartel primitivo estaban anunciados su hermano Rafael, Sánchez Mejías y Larita), 16 de mayo de 1920, pero el toro “Bailador”, quinto en suerte, de la ganadería de la viuda de Ortega, le empitonó mortalmente, acabando con la vida del ilusionado torero de 25 años de edad, nacido en el sevillano pueblo de Gelves, calle de la Fuente número 2 (cerca de la huerta El Algarrobo) el día 8 de mayo del 1895, poniendo fin al epílogo de su valor, de su arte implacable y depurado con el que siempre logró la indiscutible austeridad en los ruedos de todas las plazas del mundo taurino. “Le mató un toro, pero no le afligió ninguno”, como dijeron los aficionados de aquella época.

Dejó de existir José “Maravilla” (nombre artístico de como se anunciaba en los carteles cuando empezaba su carrera novilleril) aquella lejana tarde soleada y florida de primavera, eran las siete y diez de la tarde, tras cuarenta minutos de agonía y angustioso sufrimiento. Fue el último canto de “El Gallo”. De esta manera terminó la vida torera del jovencísimo José Gómez Ortega, el que siempre será recordado por la obsesión que sentía por el toro y de sus lances irrepetibles por faroles, sin duda su sello gallista.


D. Manuel Gutiérrez Troya 

LOS TROFEOS EN LAS PLAZAS DE TOROS

Antiguamente, el torero y sus auxiliares daban la vuelta al ruedo después de dar muerte al toro en los cercados o plazas mayores de la villa habilitadas para la ocasión. Llevaban los capotes abiertos y cogidos con las manos por las puntas, allí les lanzaban desde el graderío toda clase de objetos; monedas, puros, cigarros, conejos, pollos, etc.… En la actualidad todavía les siguen echando sombreros, botas de vino, pañuelos, flores, prendas de vestir y algún que otro animal de granja, como gratitud y admiración.

Con la historia del toreo, desde los más antiguos “matatoros” hasta los más modernos toreros, ha sido por norma general y tradición popular, cuando triunfan premiarlos (antes regalos, ahora trofeos) según importancia de la faena, teniendo su origen en una costumbre humana, puesta en vigor por los Maestrantes.


Concretamente, entre los siglos XVIII y XIX, cuando un torero realizaba una excelente faena, el Presidente del festejo le regalaba el toro completo, época de mucha necesidad para vivir, conducía a que el diestro presto vendiera la carne del animal lidiado y así conseguir unos necesarios dinerillos para él, cuadrilla, familiares u otras personas allegadas a ellos, terminando con esta norma años posteriores por la falsa y picaresca comercialización que a veces se hacían de las carnes por parte de los contratistas adjudicatarios en las plazas, ya que sus ganancias era vender los toros al mejor postor, motivo por lo que los Maestrantes instauraron como trofeo simbólico otorgar al espada merecedor la oreja del enemigo vencido para después dárselo. Aunque hubo casos pocos serios en algunas ocasiones, concediendo trofeos indebidamente por favoritismo.

Existe constancia que, en la plaza de toros de Madrid, enclavada junto a la Puerta de Alcalá y Jardines del Buen Retiro, les otorgaron unos premios en metálico a dos toreros bufos: Leandro Sánchez “El Cacheta” y Francisco Serrano “Paco el de los Peros”, sinónimo que tenía por vender frutas, por arriesgar ambos sus vidas una tarde.

En la plaza madrileña de la Carretera de Aragón, año 1876, a los dos años de su inauguración, el diestro algecireño José Lara “Chicorro”, al toro Mediasnegras del ganadero Benjumea, le hizo el salto de la garrocha, le puso tres pares de banderillas cortas al quiebro, arrancándole la divisa de un manotazo, ofreciéndosela a los príncipes de Baviera que ocupaban junto al rey Alfonso XII el palco regio, terminando con la res de un certero volapié. El público enloquecido, sin saber de que modo había que expresar el mérito de “Chicorro”, pidieron desaforadamente que le concedieran el toro, a lo que el presidente accedió. Entregándole al valiente matador una oreja del animal despachado, mostrándosela al ilustre palco y asistentes que le aplaudían con delirio por un acto sin precedentes, sirviendo como justificante de la res regalada por tal hazaña.

A los 22 años de este hecho, ocurre en la misma plaza otro caso similar. El referido torero bufo “El Cacheta” nacido en Bolaños (Ciudad Real), actuaba junto al rejoneador Fernando de Heredia, imposible el caballero dar muerte al toro de nombre Calero, se va hacia el animal dicho “Cacheta”, y de media estocada en las agujas lo tumbó patas arriba, el alcalde de Madrid, el Conde de Romanones que presidía el festejo, ordenó que le entregara la oreja del toro al diestro, para después comprobar a que res le correspondía su falta para regalárselo en compensación por tan heroico hecho.

Hemos de hacer constancia que, en tiempos de “Lagartijo” y “Frascuelo”, a lo largo de más de 20 años de competencia, entre otros toreros de la época, nunca se le concedió a ningún diestro un trofeo. Ello es lo que demuestra que no era lícito ni reglamentado.

Pero el día 2-10-1910, en la referida plaza de Madrid de la Carretera de Aragón, fue cuando se otorgó oficialmente la primera oreja al diestro madrileño Vicente Pastor, por lidiar el toro Carbonero de Concha y Sierra, al que hubo de castigarle con banderillas de fuego por su peligrosidad. Pero ya sin regalo del toro.

Posteriormente y hasta la presente se están concediendo en todas las plazas, orejas y rabos, incluso en épocas no muy lejanas hasta patas, por cierto, muy bien suprimidas por lo horroroso ver un animal tan mutilado camino del desolladero, como premios al diestro merecedor a tenor de la faena realizada, con “votación” mayoritaria por parte de los espectadores con el airear de sus pañuelos blancos, pero siempre con el beneplácito de la Presidencia.

Otros detalles sobre la concepción de trofeos, diremos que el primer rabo oficial, se lo concedieron al torero Matías Lara “Larita”, en Jaén, año 1915, pero creyendo que era una burla se lo arrojó al presidente. Este matador, fue quien más veces se encerró en solitario con seis toros, lo hizo en 26 tardes, y nunca se le devolvió un toro.

Joselito “El Gallo”, cortó la primera oreja oficial, que se otorgó en la Maestranza de Sevilla, septiembre de 1915, al toro Cantinero de Santacoloma.

Juan Belmonte, fue al año siguiente, 1916, quien cortara la primera oreja en la feria sevillana de abril.

Rafael “El Gallo”, inscribiría su nombre de los elegidos, al cortar por primera vez dos orejas a un mismo toro también en la feria de abril, 19-4-1921.


D. Manuel Gutiérrez Troya 

EL MIEDO EN LOS TOROS

Qué es el miedo? ¿Qué es el valor? Son dos palabras que se pronuncian tarde tras tarde durante una corrida de toros. Verdaderamente son dos vocablos de difícil comprensión, tanto por parte de los diestros, como por parte de los aficionados. Para unos; es lógico acusar temor ante la inminente pelea con la fiera. Para los otros; deben tener la compresión suficiente para los que se enfrentan a ella. 

No hay ni un solo torero que, por la responsabilidad del momento, o porque anímicamente lo sienta, no sea proclive al miedo. Pero lo importante es superarlo con naturalidad y sin aspavientos, esa terrible y temida circunstancia.

Por todos es reconocido que el miedo existe, el protagonista en este caso es el torero, lo siente, lo vive, lo padece, pero todas esas adversidades deben ser vencidas. En ocasiones se manifiesta en forma de palpitaciones, en otras se resecan la garganta, y en otras fallan las piernas. En tales circunstancias se produce un estado de emoción desagradable provocada por la percepción de un peligro inminente, aunque sea fugaz o pasajero. Todo ello, principalmente, ocurre poco antes de iniciarse el paseíllo, sin duda alguna, es el momento cumbre cuando se toma verdadera conciencia del inmediato acontecimiento. Después en el ruedo, frente al toro, el matador -por regla general- ya lo ha vencido.

Lo cierto es que no resulta fácil caer en el tópico cuando se pretende hacer una disgregación sobre los términos de, el miedo o el valor. Pero también, es aún más difícil saber en ambos casos qué línea es la que los separa.

Cuántas veces se ha dicho que una persona ha cometido una heroicidad por haber huido hacia delante, y esa huida conlleva pavor. También es fácil escuchar, de qué forma hay que superar el miedo ante una adversidad. Ahí se está valorando el medroso del valeroso.

Está claro que el miedo es una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o un mal que amenaza. Lo mismo puede ocurrir, cuando se mete en la imaginación y no hay manera de echarlo fuera. Es como si fuese un fenómeno receloso que se aprecia perfectamente en las personas ante un peligro de algo contrario a lo que desean hacer, hecho que a veces se palpa en el rostro de los toreros.

El valor en cambio es otra cosa, es la seguridad que se tiene ante un obstáculo al que tiene vencer. Esa naturaleza le sale el torero de su alma cuando se enfrenta a una fiera a la que debe dominar ante un público exigente, sin querer exteriorizar pavor a la profesión que eligió, aunque dicha profesión ofrezca peligro, es decir; “tener vergüenza torera”.

Qué pensará un diestro al bajarse del coche que lo traslada a la plaza y tome contacto con el ambiente propicio de una muchedumbre alegre ¿Tendrá ganas de cruzar el umbral de la puerta?, además rodeado de aficionados camino de la capilla para encomendarse al santo de su devoción, y después, a la interminable espera en el patio de cuadrillas hasta pisar el ruedo. ¿Se sentirá ahí con deseo de salir a torear…?

Hay muchas situaciones claves en la fiesta taurina que se acusa el fenómeno del miedo, yo diría que la más notoria, como antes hemos dicho, es el momento de escuchar los clarines para iniciar el paseíllo.

Quizá, en ese instante todos los recuerdos queden atrás. Es la hora tremenda de enfrentarse a la realidad. Las palabras sobran en el patio de cuadrillas. Las mentes, aunque los cuerpos estén allí, están lejos de sí mismos. Lo más lógico es que estén pensando en la fiera que se encuentra encerrada y pronto saltará a la arena, o en la familia que dejaron en casa. No olvidemos que la Fiesta de los Toros es muy sentimental.

martes, 29 de julio de 2025

EL ACOSO Y DERRIVO DE LAS RESES BRAVAS, por Manuel Gutiérrez Troya

El acoso y derribo de las reses bravas

Manuel Gutiérrez Troya
29/jul/25 
El acoso y derribo de las reses es un ejercicio que nació en la Baja Andalucía, allá entre los siglos XIX y XX, extendiéndose posteriormente a otras zonas de ganaderías bravas de España, principalmente por Salamanca, Centro y Extremadura.

Con anterioridad a los siglos mencionados, no existían demasiadas placitas de tientas en las ganaderías. Los ganaderos y vaqueros, curtidos en la crianza del toro, así como también excelentes aficionados a la equitación, todo ello, le sirvió a la necesidad de probar la bravura de los erales en campo abierto, desembocando más después en el nacimiento de la faena del acoso y derribo.Ahora se ha convertido este sistema en un deporte campero, practicándolo los caballistas indistintamente con ganado bravo o manso, prevaleciendo más con el bravo, dentro de la pura tradición.

Pero sin lugar a duda, el fundamental objetivo del acoso y derribo de antes, era como terminamos de decir, comprobar o determinar la bravura y fuerza del ganado, así como el conocimiento de las querencias y comportamiento del mismo, a lo que se le unió la destreza, monta y pericia del jinete, como también a la perfecta doma del caballo.

En la actualidad, además de su tradicional plaza de tientas, muchas ganaderías poseen terrenos adecuados para esta práctica tan de moda, cuyos terrenos deben de estar situados en una zona espaciosa, llana y despoblada de arboleda. Esta zona amplia, que se le denomina corredero, es como si fuese una parcela rectangular y extensa, de dos a tres kilómetros de larga, que es la superficie adecuada para poder ejercitar dicha labor.

En la referida parcela, concentran al ganado elegido para correr, es aconsejable unos días antes hacer pasear a las reses por el mismo itinerario, para que los animales vayan desarrollando una marcada querencia en el lugar fijado.Prevenido todo ello, en un extremo del corredero se colocan los erales determinados, junto a unos bueyes o cabestros, debidamente arropados por dos o tres vaqueros a caballo. En el otro extremo opuesto se sitúa otra parada de bueyes, vigilados igualmente por otros vaqueros.

Pues bien, el garrochista y el amparador, como así se les denominan, entran en el citado corredero dirigiéndose al grupo del ganado que ya está seleccionado. Apartan de la manada el animal escogido para dar comienzo la faena, el amparador le arrea suavemente para que salga del grupo. 

Una vez que el becerro o becerra quede libre de sus compañeros, le golpea levemente en el lomo con la garrocha, obligándole a correr. El garrochista, que se encuentra preparado con la vara cogida por la mitad y apoyada en su pierna derecha, galopará a una distancia corta y a la derecha de su compañero, el mencionado amparador.

Cuando el animal lleve recorridos aproximadamente unos 800 metros, dando muestras de perder velocidad, los dos caballistas se retrasan, juntándose lo más posible, dejando correr al becerro por delante de ellos, el amparador que porta la garrocha se prepara para la acción, ambos jinetes a la vez, aceleran la marcha hasta llegar a la altura de la res, adelantándose el amparador unos pocos metros para forzar al animal a que gire levemente hacia la derecha, el garrochista baja el palo y le empuja con la puya (muy pequeña) en la solana derecha (parte trasera), protegiendo su compañero la huida, el ejecutor toma más velocidad sin abrirse su cabalgadura, el cual aprovecha ese instante para la “echada” (derribo), cayendo vencido el animal sobre la tierra, mientras los dos caballeros juntan sus estribos, esperando a que el becerro se levante, para llevarlo con sus compañeros ya intervenidos.

martes, 22 de julio de 2025

TOROS CON VERDAD por Fernando Farfán


Actualidad taurina y crónicas de las principales ferias del mundo

Cornamenta

Los cuernos o astas son tejidos epidérmicos que se desarrollan en los lados de la testuz y que se insertan en el hueso frontal. Están constituidos por:
  • La clavija ósea: Es la prolongación del hueso frontal, está hueca.
  • La membrana queratógena o corión: Parte comprendida entre la clavija ósea y el estuche córneo. Es la parte más externa del cuerno y está constituido por tejido conjuntivo.
  • El Estuche Córneo, Vaina o Funda: Constituido por tejido queratinizado, en la zona terminal es macizo y se denomina Pitón.
Partes del Cuerno

Los cuernos, de forma cónica , tienen su super­ficie rugosa en su base o nacimiento y liso en el resto de su superficie. Se pueden dividir en:
  • Base, cepa o mazorca: Es hueca y rugosa. En su superficie se distinguen fácilmente los anillos o rodetes. El número de anillos presentes en la base o cepa se relacionan con los años del animal. Los años del toro se calculan como el número de anillos más dos.
  • Pala o zona intermedia: Es hueca y une la base con la pun­ta o pitón .
  • Punta o pitón: Es maciza y su longitud es aproximadamente el veinte por ciento de la longitud total del cuerno.
Clasificación de los cuernos por su tipología según:

Color
  • Acaramelados: Dotados de un color amarillo oscuro como el caramelo.
  • Blanco: El color es blanco y la punta negra.
  • Negro: El color es negro en toda la longitud del cuerno.
  • Sucio: El color es un sucio indefinido:
  • Verde: El matiz es un verdoso.
Tamaño
  • Cornipequeño: Toro con cuernos pequeños.
  • Bien armado: Toro con cuernos de longitud media.
  • Cornalón: Toro con cuernos muy grandes.
Longitud
  • Cornicorto: Toro con astas cortas.
  • Cornilargo: Toro con astas largas.
  • Descarado de cuerna: Toros con cuernos exageradamente largos.
  • Tuerto o zurdo: Toro que tiene un cuerno más corto que el otro.
Grosor
  • Astifino: Toro de astas delgadas y finas.
  • Astigordo: Toro con cuernos gruesos.
Inserción
  • Cornialto: Toro con cuernos de inserción muy alta.
  • Cornidelantero: Toro con cuernos de inserción adelantada.
  • Cornitrasero: Toro con nacimiento de cuernos más atrás de lo normal.
Dirección de la cornamenta
  • Abierto: Toro con los cuernos muy separados entre sí.
  • Abrochado o brocho: Toro de cornamenta cerrada.
  • Acapachado: Toro con las astas algo caídas y abiertas.
  • Bizco: Cuando un pitón es mas bajo que el otro.
  • Cerrado de pitones: Es el brocho.
  • Cornigacho: Toro con cuernos de inserción baja y caídos.
Por la posición de los pitones
  • Corniapretado: Toro con los cuernos juntos por las puntas.
  • Cornilevantado: Toro con los cuernos dirigidos hacia arriba, pero no tan levantados como en el corniveleto.
  • Cornillano: Toro que tiene los cuernos con apenas vuelta.
  • Cornipaso: Toro con los pitones hacia los lados.
  • Corniveleto: Toro cuyos pitones apuntan hacia arriba.
  • Cornivuelto: Toro con los pitones vueltos hacia atrás.
  • Cubeto: Toro cuyos pitones están próximos entre sí teniendo dificultad para herir.
  • Playero: Toro con astas muy abiertas y muy separadas creciendo rectas hacia fuera.
  • Tocado de pitones: Toro con los cuernos algo levantados por las puntas.
Integridad
  • Astillado: Toro con uno o los dos cuernos astillados en las puntas.
  • Escobillado: Toro con uno o los cuernos en forma de escobilla.
  • Despitorrado: Toro con uno o dos cuernos rotos pero conservando algo de punta.
  • Mocho: Toro al que le falta uno o ambos cuernos.
  • Hormigón: Toro mogón como consecuencia de haber padecido hormiguillo.
  • Mal armado: Toro dotado de cuernos defectuosos.
  • Mogón: Toro con la punta de uno o de los dos cuernos romas sin que se hayan estropeado como en el astillado o escobillado.

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jueves, 17 de julio de 2025

LA GRANDEZA DEL TOREO por Manuel Gutiérrez Troya

La grandeza del toreo radica en su terrible autenticidad. En ella existe un tributo de sangre que todos los toreros están dispuestos a ofrecer, porque en cualquier plaza se muere de verdad”. Que palabras más profundas acabo de escribir, pero esa es la realidad.

La tragedia en un ruedo puede aparecer en cualquier momento. Aunque ello no sea un firme obstáculo para que los toreros dejen de soñar con un animal que tanto aman como es el toro bravo. Sueñan con una lucha de titanes que dura veinte minutos, ninguno de los dos quiere ser vencido en el combate, dejando aunado sus almas en un redondel para siempre.


Como es sabido, en nuestro país, la fiesta de los toros se generó allá por el periodo neolítico, debido a que los pobladores de entonces alababan con rituales la captura y muerte de la fiera brava, y mas posterior para conmemorar fiestas de culto, efemérides relevantes y solemnidades especiales.

En esto estamos de acuerdo, pero la principal materia prima se debe a que existía en nuestra Península grandes rebaños de bueyes engendrados a una raza especial agresiva, fieras que fueron introducidas por los Celtas procedentes de Polonia, donde allí eran abatidos a tiro limpio, después de recorrer Alemania y Francia, se cubijaron en España, lugar donde se encontraban a salvo del exterminio polaco, su mayor parte se establecieron por la zona norte y centro.

También los árabes en tiempos lejanos introdujeron otra clase de toro salvaje, originario del norte de África, acampando en las riberas del río Guadalquivir y llanuras de las provincias de Sevilla, Córdoba y Cádiz que, con el aparejamiento de unos y otros, la reproducción desembocó en el actual toro ibérico, raíz de encastes y ramificaciones de las reses bravas existentes hoy en nuestras dehesas. También este gene ha ido traspasando fronteras a otros lugares del mundo donde son cuidados con esmero, como es; Portugal, Francia y buena parte de países Centro-Sudamericanos, según circunstancia demostrativa que determina la historia.

Dicho toro ibérico, se sigue preservando por su condición de animal acometedor para que su destino sea celebrar fiestas taurinas que, con el transcurrir del tiempo, su ferocidad y prototipo se ha seleccionado progresivamente desde hace varios siglos para desembocar su utilización en corridas de toros ya reglamentadas. Pero nunca olvidar, que es una fiera muy contundente y peligrosa, pudiendo atacar a cualquier cosa, y en cualquier sitio, aún más, cuando es hostigada.

Por tales razones el toreo estriba y sigue su curso, porque siempre han existido y siguen existiendo personas capaces de enfrentarse a la realidad de su fiereza dentro de unos parámetros de valores éticos y estéticos, como son los toreros, quienes con su valor y arte lo han convertido todo ello en un ritual ceremonioso lleno de majestuosidad y belleza, sin descuidar el riesgo real que conlleva estos animales.

Según razonamientos de grandes científicos aluden que, los seres humanos están capacitados y sobrados de inteligencia para enfrentarse mutuamente con el toro, como así lo justifica la aceptación de miles de personas a lo largo de cientos de años.

Esta es la veracidad y el origen principal por lo que se inició este espectáculo fascinante, en el que se engrosa un compendio de sensaciones artísticas continuadas, que han aceptado y dignificado grandes intelectuales de todo género de culturas para que su defensa sea de forma libre y democrática, tanto españoles como extranjeros.

No cabe duda que el mundo taurino constituye un concepto de crisol cultural. Por eso, cuando se dirige una mirada al interior del toreo y a la autenticidad de su huella, se comprueba como rebasa artísticamente a la propia diversión publica, adentrándose en el alma de las costumbres ibéricas.

El toreo hay que catalogarlo como un arte sublime, impetuoso, con raíces españoles para todo el universo, características propias que les hacen muy diferente a las demás artes. Tiene tanta fuerza expresiva que se conjuga la del propio artista con la ferocidad del toro. Una artesanía sin límites que no se puede rectificar. En el toreo el error se paga con sangre, no vale equivocarse.

La tauromaquia continuará adelante, con sus males internos y externos. Verdaderamente los dos hacen daño, pero los que son atacados desde fuera, quizá sea el daño más grave, este mal último es solamente modas esporádicas, posiblemente con dudosas financiaciones, algún día perderán la batalla los encargados de destruir costumbres antiguas, como muchas ocasiones lo intentaron y no pudieron.

La Fiesta taurina tiene que seguir sus cauces por el camino de la verdad, a costa de triunfos o desgracias. Esta es la verdadera grandeza del toreo, no cabe otra respuesta.

jueves, 10 de julio de 2025

EL TOREO COMO ESPECTACULO



Manuel Gutiérrez Troya
08/jul/25 - 09:59
“Un toro para cada torero”, o “cada torero tiene su toro”.

PRIMERO: “Un toro para cada torero”. - Es volver a los tiempos del cordobés Rafael Guerra Bejarano “Guerrita”, cuando todavía no existía el ritual sorteo de las reses para las corridas. Fue el insigne estoqueador vascuence don Luís Mazzantini y Eguía, el que lo impuso en San Sebastián el día 15 de agosto de 1898. 


Hasta entonces eran los ganaderos quienes decidían la salida y lidia de sus toros para favorecer a los toreros preferidos o creían mejores del momento, en este caso era la época de más esplendor del cordobés “Guerrita”, destinándoles probablemente los animales más boyantes, según historial genealógica y limpia reata. Como quiera que dicho “Guerrita”, actuaba siempre en segundo lugar de la terna, el ganadero le reservaba el escogido quinto toro, que a su juicio pudiera ser el mejor en embestir o juego. Por lo que taurinamente se decía; “no hay quinto malo”.

A veces este animal daba el resultado positivo, digo a veces, porque ni el mismo ganadero podía saber exactamente lo que el toro llevaba dentro, tan solo alguna pequeña certidumbre por conocer su origen, ascendencia o el comportamiento que hubiesen tenido en los ruedos sus anteriores hermanos de sangre.

SEGUNDO: “Cada torero tiene su toro”. - En ello hay muy dispares diferencias, por existir toreros que torean con y para el toro, ateniéndose a las condiciones que el animal presente. Hay otros que lo hacen para sí mismo, gustándose, recreándose. Y otros muchos, lo verifican solo para el público y masas menos entendidos, lo que también conlleva sus variantes.

Veamos, cuando a un toro se le practica una faena a tenor de sus condiciones, esto le gusta y entusiasma al aficionado más entendido pues, aunque no brille la estética, brillará el oficio, la maestría y también la inteligencia. Si se torea para sí, el torero ensimismado está creando un arte de tal sentimiento e inspiración que él mismo disfruta, subyugando al espectador. Ahora bien, los que están toreando para cara al graderío, el arte puede pasar de un toreo artificioso como bullanguero. 

Hay toreros pícaros que lo hacen a base de triquiñuelas donde reina un efectismo y primando una simpatía de esos valores puramente ortodoxos, tal es así, que en vez de torear para el respetable, están toreando a dicho respetable para mendigar el aplauso, con un inoportuno desplante o adorno, o un “va por ustedes”, o “vamos a verlo”, o un etcétera de añagazas que reclaman buscando el beneplácito de los tendidos provocando la concesión de trofeos, comunicándose con ellos a base de gestos y jaleando frases, cada cual con la personalidad que le caracterice y como lidiador se acuse. Juan Belmonte decía: “cada uno, torea como se es”.

También existen públicos que, con el ardor y entusiasmo a favor de su torero predilecto, si a este no le acompaña la suerte en una corrida, hacen sentirse bastante defraudados. Estos seguidores esperan siempre el triunfo de su ídolo para satisfacer la ansiedad. Porque ellos, como tales, tendrán la mente siempre puesta en el triunfo de su diestro preferido. 

En el caso que todo salga bien y una tarde triunfal por su actuación, sus incondicionales se sentirán satisfechos manifestándose con júbilos y alegrías; ¡Eres el mejor¡¡Eres el más grande¡¡Eres tal… ¡



jueves, 19 de junio de 2025

EN EL SIGLO XVII SURGE EL TOREO A PIE por Manuel Gutiérrez Troya

EN EL SIGLO XVII SURGE EL TOREO A PIE 

Manuel Gutiérrez Troya
16/jun/25 - 09:49
Actualizado: 16/jun/25 - 09:49

En la Edad Media ya se celebraban fiestas de toros, pero estas no se parecían en nada a los festejos actuales. Desde sus inicios hasta finales del siglo XVI y principios del XVII, la tauromaquia giraba alrededor de dos versiones: la caballeresca y la popular.

La caballeresca: estribaba en una corrida con alanceadores montados a caballo. Su práctica era en una plaza pública, organizada por la sociedad poderosa y amparada por el poder monárquico como un espectáculo orientado a festividades solemnes, en la que el jinete noble ante los públicos hacía gala de su mesurado arrojo y liberalismo en el enfrentamiento con el toro, para después matarlo mediante suertes con lanza o rejón.La popular: consistía en correr los toros por las calles de la población a cuerpo limpio, o bien con capas y lienzos para conducirlos a las plazas públicas, donde grupos de mozos los esperaban sorteando al animal con suertes de forma improvisadas y después finiquitarlo de la manera que pudiesen, para sus diversiones y regocijos. 

Tradicionalmente todavía existen lugares y comarcas de correr toros (encierros) por el público en general, dándoles muerte posteriormente a estoque en las plazas una vez lidiados por diestros profesionales, previamente contratados y anunciados para el festejo. Todo ya reglamentado. 

Pero es en el siglo XVII, cuando se produce la gran transformación de la fiesta taurina, apareciendo el primer hombre matador de toros a pie que, armado con una espada y un trozo de tela, liquidaba a la res después de haberle realizado una corta lidia. 

La lidia y muerte del toro en la fiesta popular, la remuneración para los toreadores estaba prohibida desde el siglo XIII por el reinado de Alfonso X. 

Después de cuatros siglos, es decir; a partir del referenciado siglo XVII, se abrió paso por decadencia del toreo caballeresco que iba perdiendo notablemente su interés para el espectador, a un nutrido número de lidiadores entrenados en los mataderos públicos existentes en ciudades y poblaciones de más intensa vida taurina, como eran en este caso las provincias de Cádiz, Sevilla y algo menos en Córdoba.Paralelamente por aquel tiempo iban surgiendo los picadores de toros, llamados a su vez garrochistas o varilargueros, nombre que tomaron por un nuevo instrumento de defensa, la vara larga, muy semejante a la que utilizaban los mayorales y vaqueros en las dehesas para conducir el ganado. Dicha vara larga empleada por los varilargueros desde el caballo, se le unió a un extremo una especie de rejón punzante de hierro, sin control en la medida (hoy la reglamentada puya de picar), sirviéndole para desangrar en lo posible al toro, restándole fuerza y suavizar el ímpetu de su embestida, al tiempo que los incipientes toreros capeaban al animal con la finalidad de darle muerte a espada.

Iniciado el Siglo de Las Luces, a lo que es igual, el siglo XVIII, los lacayos que auxiliaban a los caballistas alanceadores y también a los avezados lidiadores de a pie salidos de los mencionados mataderos, se hicieron cada vez más interesantes en las corridas populares, mientras nobleza y monarquía fueron poco a poco abandonando las caballerescas como antes hemos dicho, transición de la que van aumentando consideradamente las corridas modernas entre los años 1740-1750, tiempo aquel, cuando el matador de origen plebeyo, se erige en principal protagonista del nuevo espectáculo, percibiendo una elevada cantidad de dinero por responsabilizarse en lidiar y matar al toro. Varilargueros (picadores) y auxiliadores (banderilleros), quedaron adscritos como cuadrilla al servicio del matador, asumiendo este la responsabilidad máxima de aniquilar la fiera, colofón de la solemnidad dramática del rito ceremonioso de la lidia. 

“Metido en el centro de la cara del toro con la muleta en la mano izquierda, más o menos recogida, pero siempre baja y la espada en la otra, cuadrando al animal de frente para meterle a su tiempo el espadazo”, concepto que resumía el famoso “Pepe-Hillo”, por cierto, fue el primer torero que dictó la primera normativa en el año 1796, en la que las reglas hacían referencia de blindarse los lidiadores con engaños por inminente riesgo a una cornada. Pero él tuvo la mala suerte de morir una tarde de 1801 en Madrid, debido a las heridas mortales causadas por el toro “Barbudo”, del ganadero Rodríguez Sanjuán, precisamente en el momento de meterle la espada. Terminó con el toro agresor el rondeño José Romero, compañero de terna.

sábado, 8 de marzo de 2025

Olivenza y Murteira Grave próximamente

La Peña Taurina de Cártama viajará próximamente a la ciudad de Olivenza y visitará la ganadería portuguesa de Murteira Grave. 
El fin de semana del 28 al 30 de Marzo tenemos previsto una salida muy esperada todos los años, viajar a una ciudad en visita cultural y seguidamente visitar una ganadería de bravo cercana a dicha ciudad. Este año 2025 hemos decidido hacerlo a la bonita ciudad de Olivenza  en tierras extremeñas. Llegaremos el viernes 28 Marzo cuyo día aprovecharemos para visitar esta bonita localidad. El Sábado 29 tenemos previsto desplazarnos a la vecina Portugal para visitar la prestigiosa ganadería de Murteira Grave, donde veremos su camada de toros, vacas, sementales...etc, también disfrutaremos de su gastronomía en la finca.
Unas 126 personas entre socios y acompañantes de esta peña componen esta expedición que regresará el Domingo 30 Marzo. Deseamos que todos disfruten y lo pasen muy bien que para ello trabaja la directiva de la peña.

sábado, 8 de febrero de 2025

LOS TOROS Y EL FLAMENCO

Los toros y el flamenco
MANUEL GUTIÉRREZ TROYA
05/feb/25 - 10:43
Actualizado: 05/feb/25 - 10:57
Numerosos tratadistas han analizado y aceptado una equiparación común entre los cosos y los tablaos. Los dos recintos son la unión de emociones y sentimientos donde la fiesta de los toros y el flamenco se reflejan en dos culturas de siglos, así como todo tipo de manifestaciones artísticas y artesanales. Igualmente, el flamenco y los toros, aparte de ser arte, cultura y sentimiento, también son diversión.

Esta relación, ambos filiales entre sí, son fuentes sólidas que se mueven principalmente dentro de las fiestas populares. Hay muchísimas más artes equivalentes en nuestras culturas y costumbres, pero con quien está más vinculada la fiesta taurina, sin lugar a duda es con el flamenco, su hermano del alma. Es sabido y notorio, que los toros han inspirado a muchísimos artistas de todo el mundo en sus diferentes campos del arte, pero con el flamenco, ninguno.

En ello podemos comprobar que existen abundantes y magníficas letrillas que hacen alusión a este binomio como, por ejemplo: “Los toros y el cante son/ dos hermanitos gemelos/ su pare se llama el arte/ y su mare el sentimiento”.

El ilustre escritor madrileño Agustín Durán Muñoz, alude todo ello a una raíz única, la admiración por lo árabe, equiparando por un interesante estudio a varios toreros con cantaores flamencos, siendo los casos de; a Pedro Romero con Paco Ortega “El Fillo”, a Francisco Montes “Paquiro” con Silverio Franconetti, a Rafael Gómez “El Gallo” con Manuel Torre, a José Gómez “Joselito” con Antonio Chacón, a Juan Belmonte con Enrique Jiménez “El Mellizo”.

En la temática taurina encontramos cientos de letras en la copla flamenca, si bien son muy pocas aportaciones en el cante jondo. José Carlos de Luna, flamencólogo y buen conocedor del tema, es categórico en este sentido; letras de arte mayor pocas, tonás apenas existen, lo único que nos encontramos algunas son con las soleares. Valga como prueba de ello estos tres fragmentos de sendas piezas diferentes, en los que la mujer está también presente: “Como los toritos bravos/ tiene mi niña el arranque/ solo se acuerda de mi/ cuando me tiene delante” …, “De un toro y una mujer/ yo me he visto perseguío/ del toro pude librarme/ de la mujer no he podío” …, “A los árboles blandeo/ a un toro bravo lo amanso/ y a ti, serrana, no pueo”.

En las postrimerías del siglo XVIII, al célebre torero utrerano Curro Guillen, le cantaban una coplilla muy bien aceptada que decía: “Bien se puede decir que ha visto/ lo que en el mundo hay que ver/ el que ha visto matar toros/ al señorito Curro Guillen”.

La copla flamenca siempre ha creado y ha aportado obras literarias de todos los géneros, pero muchísimo más ha sido con la fiesta de los toros, entre ellas la popular malagueña: “El llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, del inmortal poeta granadino Federico García Lorca, o como también otra de Lorca que en este momento me viene a la memoria, en la que dice: “Cuando salga el toro negro/ que a mí no me lo quite nadie/ que estoy citado hoy con él/ a las cinco en punto de la tarde”.

Sin duda alguna, las bulerías, tangos, tanguillos, cantiñas, romeras, alegrías, fandangos, caracoles, y muy especialmente las sevillanas, son las que se han hecho más populares en la tauromaquia. 

Los gaditanos y críticos del flamenco José Blas Vega y Fernando Quiñones, refiriéndose ambos al respecto, el nutridísimo acervo de sevillanas o antiguas seguidillas de Sevilla, ya cultivadas por el dramaturgo Félix Lope de Vega, nos demuestra muy abundante el cante flamenco sobre el arte taurino desde el siglo XVIII, especialmente entre las décadas de los años 1880 a 1920.


MANUEL GUTIÉRREZ TROYA
Mi pasión

viernes, 3 de enero de 2025

"Los Toreros de Plata" por Manuel Gutiérrez Troya, articulista y colaborador de El Diario de Madrid


Los toreros de plata

MANUEL GUTIÉRREZ TROYA
03/ene/25 - 10:20
Actualizado: 03/ene/25 - 10:34
Dentro de la profesión torera, en su mismo fondo late la anhelada y recordada renuncia que un día hizo un torero que soñaba glorias junto a su espada y muleta. Un matador de toros a quien los contratiempos le hizo declinar y hubo de cambiar su estoque por las banderillas, con una resignación que solo es dada a ciertos hombres escogidos.

Nadie como estos personajes, muchos de ellos veteranos en el ejercicio de su profesión, han llegado a adquirir un conocimiento tan sobrado referente al estudio de los toros, que en cada instante observan y estudian las reacciones del variado comportamiento que acusan los animales desde que estos saltan a la arena que, con todo honor, muchas veces son los grandes consejeros de su jefe.

Su imagen, ya supo de triunfos y fracasos, de aplausos y broncas, de trofeos y silencios. También saben de lo que es sufrir grandes volteretas y graves cornadas. Su oficio y experiencia han hecho de este subalterno ser un magnífico profesional, así como un experto sociólogo de la lidia. Nunca dudará que, para mantenerse en el escalafón de matador de toros, ha de competir continuamente con sus compañeros de terna e intentar ganarles la pelea, todo ello trae consigo un riesgo permanente, muy diferente al de banderillero, aunque también estos pudieran sentir celos en sí mismo.

Al banderillero le embarga la nostalgia de lo que fue anteriormente, nunca lo olvidará. Su afición y dignidad profesional les seguirán haciendo feliz al reencontrarse otra vez de nuevo tan cerca del toro, que le compensará la frustración de haber querido ser siempre matador de toros.

No cabe dudas que todos quieren hacerlo lo mejor que saben para llegar lejos en su nueva andadura taurina, cosa que les estimulan.

Pero ser espada, lleva emparejado el peso y responsabilidad de una buena o mala lidia, en tanto el banderillero, actúa más en equipo y en cuadrilla para un lidiar al gusto y norma de su jefe, ya que el triunfo estará compartido.

Los hombres de plata cuando están frente al toro, sienten tanto su profesión que no se cambiarían por nadie, aunque su misión sea bien distinta a la de matador de toros. Su responsabilidad está más ausente de los tendidos, engendran en su interior tal pundonor profesional que les hacen competir y superarse cada tarde. Pues si dejaron de ser matadores, como otros que no llegaron, lo que más les importan es seguir siendo toreros, vestirse de luces, hacer el paseíllo, cosechar aplausos y dar la vuelta al ruedo acompañando los trofeos que les han sido otorgados y luzca su jefe, porque esos trofeos y esos triunfos también pertenecen a ellos.

En las últimas décadas estamos observando destacados y jóvenes banderilleros, algunos de estos formados en las Escuelas Taurinas, quienes están cosechando triunfos individuales y nombre, haciendo que el público y críticos taurinos se fijen en ellos, por lo que se dice o escriben: “magnífico el peón tal, que ha banderilleado al toro muy bien y con la brega excelente”.

En todas épocas han existido grandes banderilleros, por ejemplo: El valenciano Blanquet, que enriqueció las cuadrillas de Machaquito, Joselito y Sánchez Mejías. El madrileño Magritas, que toreó a las órdenes del citado Joselito, Márquez, Chicuelo y Cagancho. Los cordobeses Cerrajillas y Conejito que engrandecieron la cuadrilla de Bocanegra. Otro valenciano Alfredo David, que dio prestigio a las filas de Algabeño, Marcial Lalanda y Domingo Ortega. Los también valencianos Paco Honrubia y el infortunado Manolo Montoliu, ambos estuvieron a las órdenes de prestigiosos matadores de toros. Y así un sin fin de honorables hombres de plata, como los granadinos Bojilla y Montenegro, los sevillanos Tito de San Bernardo, El Vito, Luís González, Luque Gago, Chaves Flores, Pichardo, El Ecijano, Rafaelito Torres, Antonio Chacón o Curro Cruz, al igual que los malagueños Pepe y Manolo Ortiz, que tanto acrecentaron “la cuadrilla del arte” junto al madrileño Curro Álvarez.

Y muchos más, importantísimos, nacidos en cualquier lugar de la geografía española, entre otros: Corbelle, Pirri, Montiel, El Jaro, Martín Recio, El Mangui, Yestera, El Boni, Cruz Vélez, Tejero, De la Viña, Carretero, Cubero, Corona, El Chano, Carmelo, Caba, Curro Molina, Trujillo, Mellinas, Punta, Arruga, Sánchez, etc., etc. Sería interminable la lista, tanto anteriores o actuales, todos ellos seguirán enriqueciendo nuestra Fiesta, aunque no hayan podido culminar su carrera como matadores de toros, pero sí lo han hecho y lo siguen haciendo con dignidad y honradez su querida profesión.

Que no les importen la calidad o color del metal de su vestido de torear, porque también son grandes toreros. Mi admiración y respeto a todos ellos.

                                                          


MANUEL GUTIÉRREZ TROYA
Mi pasión

viernes, 22 de noviembre de 2024

"Manolete y González Marín, amigos"

El pasado 15 de Noviembre tuvo lugar en la tenencia de Alcaldía de Cártama Estación, una conferencia organizada por la Peña Taurina de Cártama, ofrecida por D. Paco Laguna biógrafo de Manolete, al cual le estamos eternamente agradecidos. Nos habló de la vida del gran figurón del toreo cordobés Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" y su amistad con el rapsoda cartameño José González Marín. También contamos con la colaboración de nuestro amigo  D. Juan Crisóstomo que nos recitó unos poemas dejando al público asistente que casi completaba el aforo totalmente emocionados.
La artista Maria José Álvarez Riel expuso un cuadro de Manolete a tamaño natural que era un espectáculo. Fue una conferencia muy interesante,  entretenida y con momentos de emoción. 
Agradecer al ayuntamiento de Cártama su colaboración, con la presencia Dª Toñi Sánchez Macias Teniente de alcalde, a los concejales de diferentes partidos políticos de Cártama, profesionales del toro y al público en general. 
Terminamos el acto ofreciendo una copa con algún picoteo que esperamos fuera de vuestro agrado. Gracias a todos!!!!

"Lorca y los toros" por Manuel Gutiérrez Troya, articulista y colaborador de El Diario de Madrid

Creo que los toros es la fiesta más culta que existe hoy en el mundo”. Cuando Federico García Lorca dijo esto, no estaba pensando en la cultura que se aprende en las universidades ni en las bibliotecas, sino en una fiesta popular que está enraizada en el corazón de muchos españoles, hayan estudiado o no.

Federico no era gran aficionado a los toros, ni buen conocedor de los secretos y técnica de la lidia. Sin embargo, como poeta avezado profundamente en la sensibilidad española, sabía captar con la más objetividad de expresión la dimensión de la Tauromaquia.

Tampoco fue asiduo en asistir a las corridas de toros, pero entendía perfectamente las claves simbólicas de la Fiesta, sintiendo la fascinación de la belleza poética del toreo. Con estos pocos antecedentes, cualquier persona debe pensar que, para el poeta, la conclusión parece obvia.

"¿Cómo tuvo de afectarle a Lorca la muerte de su amigo e ilustre matador de toros Ignacio Sánchez Mejías?" Estas mismas palabras le son atribuidas a Marcelle Auclair, la escritora francesa que vivió un apasionante idilio de amor con el malogrado torero.

Consabido es de la amistad que tenía Lorca con Sánchez Mejías, acrecentándola más desde aquellos célebres días sevillanos de 1927, cuando en la finca de Pino Montano, propiedad del diestro, reunió gran parte de la generación del 27, lugar de encuentro donde se renovó y fortaleció la relación sentimental del torero con la elegante bailarina Encarnación López “La Argentinita”.

Demostrado quedaría después el noviazgo, por una carta escrita del poeta granadino remitida a dicha bailarina, fechada en Granada el verano de 1931, en la que se podía leer la siguiente frase, tan amistosa: ¿Qué es de Ignacio? Dele usted un fuerte abrazo de parte mía, espero que me tenga presente en sus oraciones y no me olvide.

Por eso no tuvo más remedio que escribir García Lorca “El Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, cuando el diestro fue empitonado mortalmente en Manzanares (Ciudad Real) el 11-8-1934, por el toro “granadino” de la ganadería de Ayala.

Después no escribiría la palabra granadino en sus poemas y escritos, probablemente al rechazo del nombre del toro, a pesar de haber nacido en la ciudad de la Alhambra.

Para Lorca, España era el país del duende, de ese milagro que inspira lo mejor de nuestra música, de nuestra danza, de nuestra lírica, de nuestro cante, de nuestro cine, de nuestro teatro, de nuestros toros…

En más de una ocasión dijo: “El torero tiene su órbita, el toro la suya, y entre órbita y órbita hay un punto de peligro, donde en el vértice existe un terrible juego que en tal punto se puede encontrar la muerte”. Son unas palabras sobradas de contenido y pasión.

Toda la sabiduría que desarrolló el poeta sobre el arte y la cultura de los toros, ha sido posteriormente refrendada, nada más y nada menos, por los hermanos Machado, Pedro Salinas, García Posada, Jorge Manrique, Romero de Solís, Andrés Amorós, o el argentino Amadeo J. Soberanas.

No quisiera terminar este sintetizado artículo con cuatro frases de las muchas expresadas por el inmortal García Lorca, aludiendo a nuestra fiesta taurina.

"La muerte de Ignacio es como mi muerte, es el aprendizaje de mi propia muerte. Siento una paz que me asombra. Al final, encuentro un silencio que no es la nada, sino el misterio".

"En España es el único país donde la muerte es el espectáculo nacional, esa muerte toca largos clarines a la llegada de las primaveras. Su arte está siempre regido por un duende agudo que le ha dado su diferencia y su calidad de invención".

"La única cosa seria que queda en el mundo es el toreo. Único espectáculo del universo antiguo en donde se encuentran todas las esencias clásicas de los pueblos más artistas del mundo".

"El toreo es, probablemente, la riqueza poética y vital mayor de España, es el único sitio adonde se va con la seguridad de ver la muerte rodeada de la más deslumbrante belleza".

Cuatro frases salidas de la fuente de un poeta dramaturgo vanguardista como fue Lorca, donde predominan las notas dramáticas, descriptivas y populares, acusando influencias modernistas de concepción surrealista, además con claras ideas renovadoras de exploración y avance.

Queridos/as aficionados, sintamos un poco más la singular y universal fiesta de los toros, con estas palabras tan acertadas que nos dejó en herencia para nuestra cultura y raíces de la Tauromaquia, el recordado y siempre admirado Federico García Lorca…

MANUEL GUTIÉRREZ TROYA
Mi pasión

jueves, 10 de octubre de 2024

LA PENICILINA, EL AMIGO FIEL DE LOS TOREROS. Por Manuel Gutiérrez Troya articulista y colaborador de El Diario de Madrid

El doctor Alexander Fleming, nacido en Darvel (Reino Unido), año 1881, descubrió la penicilina cuando cursaba estudios en la Facultad sobre los mohos de los que estaba investigando y practicando desde el año 1927. Pero no fue hasta el 1945 cuando vio la luz, comenzando a utilizarse como antibiótico y a salvar vidas humanas de tantísima de gente, sobre todo a muchas de toreros por sus graves cogidas, año que le otorgaron el merecidísimo premio Nóbel de Medicina.
Los toreros, años después, le dedicaron una bonita estatua de bronce de gran tamaño, que se encuentra colocada dentro del recinto de la explanada y próximo a la puerta principal de la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, con un diestro montera en mano haciéndole un brindis, en honor y agradecimiento a tan ilustre y gran salvador de vidas de personas.
El referido antibiótico pasa de estraperlo a nuestra península a través de la frontera con Gibraltar, este medicamento había que conservarlo en frío y administrarse mediante inyecciones cada tres o cuatro horas con dosis muy bajísimas comparadas a las que se inyectan hoy. Hubo mucha gente que se hizo millonaria negociándolo. Se utilizaba para toda clase de infecciones venéreas como la sífilis o las purgaciones, entre otras muchas más enfermedades infecciosas.
La penicilina, a la que mucha gente llamaba “pilicilina”, se utilizó por primera vez en un torero de Camas (Sevilla) de veinte años, llamado; Julio Pérez Herrera “El Vito". Corría el año 1946, debido a que un toro de don Álvaro Domecq, le infirió una fortísima cornada al joven diestro en la antigua plaza de toros "La Alameda” de Jaén.
Cuando el diestro estaba moribundo dado a la gravedad de la misma, le visitó un sacerdote al hospital para darle la extremaunción y, sirviendo como anécdota, lo miró muy apenado al bien llegado visitante, diciéndole: ¡Padre yo quiero la extremaunción, pero también quiero la penicilina!
Sea por una cosa u otra, el caso fue que el torero salvó la vida, siendo el primer diestro, como antes hemos dicho, sobre el que se experimentó el referido medicamento, además convencido el torero del salvador remedio que tantas veces lo había escuchado con anterioridad.
Llegó un momento en que la fe ciega de la población veneraba al tan queridísimo antibiótico era tal, que se utilizaba prácticamente para todo, tanto si estaba indicado como si no. El descubrimiento del valioso medicamento tan trascendental y valor terapéutico ha dado mucha confianza a tantísimo médico como a sus pacientes, que hoy por hoy es el mejor amigo para un torero, sobre todo bien administrado, por esos grandes doctores a los que debemos estar orgullosos de tenerlos en la mayoría de las enfermerías de las plazas de toros españolas.
Para terminar, contaremos un hecho muy gracioso que ocurrió en la plaza de toros de Baza (Granada), fue en el año 1967, cuando uno de los enanitos del espectáculo tauro-musical, El Bombero Torero, se pinchó con una banderilla en una pierna, por lo que hubo de llevarlo a la enfermería para ser asistido y ponerle la inyección de la antitetánica, estando ya en la misma, solo pedía “pilicilina”, no hubo manera de convencerle que era dos cosas distintas, al final se llevó los tres pinchazos, el de la banderilla, la antitetánica y la de la penicilina.
El ilustre inventor del admirado medicamento murió en Londres en el año 1955, al sufrir un ataque cardiaco.

 


miércoles, 4 de septiembre de 2024

LA GREGORIANA DE LOS PICADORES por Manuel Gutiérrez Troya articulista y colaborador de El Diario de Madrid

En el llamado planeta de los toros, la indumentaria de los picadores es de las cosas que menos han evolucionado desde el siglo XVII. 

Una pieza que se conserva todavía casi intacta es la prenda de cabeza, de nombre “castoreño”, confeccionado de piel del castor, de ahí su nombre, adornado con una gran piña hecha de hilo de color negro y colocada sobre el ala del lado derecho, llamada “cucarda”, uniéndose a un cordón trenzado del mismo material y color para su sujeción.

La chaquetilla, chaleco, camisa, faja y corbatín son prácticamente iguales a las de los toreros de a pie. El calzón es de gamuza, que antiguamente se sujetaba hasta la rodilla, muy similar a la taleguilla de los toreros, después se alargó hasta cerca de los tobillos dejándolo abierto y con botones metálicos.

Los picadores pueden lucir en su vestimenta adornos o bordados de oro como los matadores de toros, por ser el toreo a caballo más antiguo que los mencionados toreros de a pie.

Tal vez, lo que más ha cambiado ha sido la bota derecha de los varilargueros. En un principio se reforzó con una espinillera de hierro templado, de poco peso y consistente, pero fuertemente unida a la pierna. Su inventor fue Gregorio Gallo, de quien toma el nombre de “gregoriana”. Posteriormente se ha ido modificando a la que se le añade una rodillera metálica articulada y flexible para proteger la pierna, que se le une un trozo de metal moldeado hacia arriba, cerca de la ingle, para amparar todo el muslo y no sufrir daño. 

A partir de esta innovación, es cuando comienza a llamarse la “mona”, quedando la “gregoriana” para la pierna izquierda, que también pasaría a llamarse la “monilla”.

La “mona” o antigua “gregoriana”, es muy semejante a una bota, que por la parte inferior es como si se tratara de una caja metálica, la que lleva un grueso refuerzo de hierro como suela, con dos mitades, una delantera y otra trasera, uniéndose estas dos partes mediante una varilla del mismo material que se introduce por unos ojales. Con todas estas piezas se hace muy pesada llevarla puesta, debido a la cantidad de hierros que es confeccionada.

Con todo este peso en sus pies, hacen que los picadores parezcan muy “torpones”, sobre todo andando, pero aún más cuando son derribados de la cabalgadura y tienen que salir rápidamente de la cara del toro para refugiarse en los burladeros o saltar la barrera, haciéndose bastante difícil cuando se presentan estos casos. Hay que tener en cuenta el esfuerzo que les suponen montar a caballo, que al tener que subirse en el equino por el lado izquierdo (que es por donde se tienen que montar), les acarrea una enorme pesadez cuando tienen que pasar la pierna derecha tan acorazada por encima de la silla o montura.

Tradicionalmente, los picadores siempre han sido de fuerte complexión, aunque ya estén apareciendo nuevas generaciones de excelentes profesionales además de cuerpo atlético, lo que les amparan ser más delgados. 

A la verdad, la suerte de picar que realizan estos profesionales, es uno de los tercios más bonitos y necesarios para la lidia, pero sin abusar con la pica y sin dejar que se estrelle el toro contra la auténtica muralla del peto. 

Desde el día 1 de mayo de 1992, el Reglamento Taurino, con nuevas normativas, hizo aliviar algunos defectos para poder dar más protección al caballo, ojalá se sigan adaptando ideas beneficiosas para bien de la Fiesta.


domingo, 25 de agosto de 2024

Los Trofeos ya tienen adjudicatario

LOS MONOSABIOS Y SU HISTORIA por Manuel Gutiérrez Troya articulista taurino y colaborador de El Diario de Madrid


11/jun./24 - 16:02Actualizado: 11/jun./24 - 16:04

Desde el siglo XV, existen durante la lidia de los toros bravos, además de los toreros, picadores y banderilleros, unos personajes llamados auxiliadores, que antiguamente actuaban, tanto en campo abierto como en los cerrados durante el lanceo.

Estos auxiliadores se denominaban en los primeros tratados de la tauromaquia y taurología “churros” o “churrillos”, que por evolución del tiempo se han venido llamando “chulos” o “chulillos”. Todavía se les conocen como chulo de caballos, chulo de banderillas y chulo de toriles.

Pues bien, a partir del siglo XVIII, los chulos de caballos o pajes como también eran llamados, iban vestidos y en la actualidad siguen vistiéndose con blusa roja o azul, cerrada y floja, pantalón igualmente azul y gorrilla roja. A mediados del siglo XIX, acertó a pasar por Madrid un circo con una cuadrilla de monos que actuaban en el teatro Cervantes, ubicado en la calle Alcalá, donde después sería ocupado por el Banco Urquijo. Esta “trouppe” de monos, muy listos y mejor entrenados, que por especial coincidencia en el vestir como los chulos de caballos, el público atribuyó en las plazas de toros el seudónimo de “monosabios”. También hubo un tiempo que se les llamó “pajaritos cardenales”, debido al tono de color de su atuendo de vestir semejante al de los cardenales de la iglesia. 

Dichos “monosabios”, son los únicos personajes, salvo los diestros, pueden pisar el redondel reglamentariamente durante la lidia. Su misión se realiza tanto en la plaza como en los corrales de las caballerizas. Muchas veces se extralimitan auxiliando oficiosamente al picador en la suerte de varas, bien conduciendo los caballos hacia el toro o bien citando a éste con el cuerpo para que se arranque y entre en la suerte, actitud bastante denostada.

Pero también estas personas desarrollan un perfil taurino y humano dentro del ruedo, donde demuestran un tesón y una abnegación que, en más de una ocasión, acuden rápidamente hasta la misma cara del toro para salvar de un derribo o carnada al picador, arriesgando sus propias vidas, y muchas otras, incluso llegan hasta suplir al espada en el quite, cuando por circunstancia de colocación o por mejor resolución se les presenten el caso.

Además de ser un auxiliar del picador en la suerte de varas, como anteriormente se detalla, en muchísimas ocasiones actúan como médicos de urgencia en el ruedo, donde no pueden acceder los servicios sanitarios estando el toro en la arena, y en la mayoría de las veces como unos improvisados camilleros sin camilla.

Tal vez su vestimenta no sea la más vistosa o adecuada como la que lucen los toreros, lo importante es que hagan bien su trabajo de monosabios y menos el de “chulos”. 

Destacaremos que, entre ellos, han salido grandes profesionales del toreo, como fueron los hermanos Basilio y Fausto Barajas, ambos nacidos en Madrid, años 1881 y 1902, respectivamente, uno fue rejoneador y el otro matador de toros. Como también Felipe García, nacido en Getafe (Madrid), año 1909, el que resultaría después ser un magnífico picador.

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